J.J.A.PERANDONES – La tolva
Recogían los regidores, en las actas, la gran consideración que merecían aquellos astorganos que desempeñaban los diversos oficios, por ello, al citarlos, anteponían la palabra ‘maestro’: maestro ‘ojalatero’ Cipriano Martínez, maestro cantero Raymundo Rebaque… Con la implantación en la espadaña del primer ‘relox con los dos figurones’, de Bernardo Francos, en 1749, el Ayuntamiento hubo de encargar su diario funcionamiento, y mantenimiento, y el maestro relojero vino a ser personaje imprescindible en la vida cotidiana. Y no solo para que los astorganos pudiesen ver u oír los tañidos del transcurso del tiempo, sino para percatarse del toque de queda. A los regidores antiguos les placía la ostentación, así que cuando acudían a las ‘funciones religiosas’ en la catedral, el relojero, a la ida y su retorno, debía repicar las campanas municipales; costumbre suprimida el 31 de diciembre de 1856 por el daño que se ocasionaba al subir a los tejados. Un relojero excepcional fue Bartolomé Fernández, desde muy joven a cargo del reloj de Francos, y que fabricaría, en 1800 y 1807, los dos que hoy se exponen en la catedral y el ayuntamiento. En 1974 los ediles acuerdan la adquisición de un nuevo reloj y liberar la torre occidental de las grandes pesas que la inhabilitaban. Y apostarán también por uno mecánico, a sabiendas de que Astorga seguía siendo ciudad de eminentes relojeros, a los que se les podía encomendar su cuidad.
